Laura Pérez Colorado
miércoles, 11 de mayo de 2011
Raro se siente.
Me importa tanto una Gerbera como el hecho de sentirme insuficiente con el no saber amar.
martes, 26 de abril de 2011
Un motivo.
Hoy sentí como si aprendiera a respirar.
No le sonrío a él, se lo hago a mi Yo.
Vi unas uvas pasas, y no alcanzan a ser en lo más mínimo; tomando en cuenta que son pequeñas, el sabor de lo que siento.
Tengo energías cíclicas adentro.
Colores, unos cuantos.
Saboreando una carcajada puedo darme cuenta que amo mis miedos, mis fatigas.
Me apego a eso apático que cada vez se vuelve más mio.
Soy capaz de volar, respirar bajo el agua pequeña; acaso, ¿quién no es capaz? yo, lo hago por mucho tiempo.
No en sueños, de verdad lo hago; en mi mundo.
¿Sí sabías que tengo varios jardines? y, sé respirar en ellos.
Hoy, no me siento angustiada, pero vivo ahí. No me siento extraña ni mucho menos dormida, tampoco estoy feliz.
Simplemente, estoy con gusto.
Laura Pérez Colorado.
Respirando.
¿Acelerar el mundo? ¿cómo sería todo? ¿para qué serviría todo?
Deseo un caleidoscopio para entender esto que pasa por cada cerebro,
no quiero instrucciones, no me gusta el chocolate pero las personas entre más variados colores tengan, más aprendo a disfrutarlas.
Laura Pérez Colorado.
Es bueno.
Sentir... pero a la Pacha-mama, sentirme propiamente (mis órganos e ideas) esto puede hacerse sólo al alejarse.
¿Me entiendes?
No creo que lo hagas, esa realidad tuya está bastante sumergida en esas ganas de no fatigarte.
Laura Pérez Colorado.
Respuesta.
De hecho sí,
no soy de acá pero sí un poco de lo lejano,
y, es seguro que no soy de nadie.
lunes, 24 de enero de 2011
Simple.
Era yo, ahí... quería ver llorar el viento sencillo y puro; sufrir con él sin enteder por qué, deseaba sentirlo y que a su vez me sintiera... Para ello no había necesidad de ojos, necesitaba a mis poros.
La verdad no me satisface sufrir, pero no hay cosa mejor que sentir. Cuando reflexiono descubro que vale más fatigarse que una única sonrisa.
Ese lugar tenue y poco soñado, hacía que mi corazón avivara sin así experimentarlo, pero no tuve miedo.
Yo tan en silencio deseaba ser su amiga, aunque creo serlo sin que el lo descifre, intenté abarcar la mayor parte de mi tiempo pensando en esa paz que a nada obligaba pero un frío revelador seguía trayendo aquel quejido del viento. No lo pude ver, no lo sentí... todo paso demasiado pronto. Me hubiese gustado tener más tiempo; estoy en calma.
Laura Pérez Colorado.
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