lunes, 6 de diciembre de 2010

Receta.

Hacer creer a los demás que existes; fácil, pero para ser más certera quisiera que no fueras una falacia o quizás que en otro tiempo bien cerquita del mio estuvieras rogando por que yo existiera y que los sentimientos puedan unirse.
En tú tiempo no hay delirios creados a causa de otros pero tampoco existen cajitas rosadas cosa que por cierto alegra a mi esencia.
En ocasiones mi cerebro es bastante dubitativo y llega a creaciones bastante memorables pero que quedan obstruidos por desasosiegos.

Laura Pérez Colorado

domingo, 7 de noviembre de 2010

Dejame decirte algo.

¿Para qué la soledad?
Creo que estimula y transporta; pero, no la veo...prefiere que la ignore.
Un día de tantos la sentí y no me habló, de hecho no lo hace; yo tampoco quice hacerlo.
Creo que es cobarde al esconderse, pero no sé escudriñarla.
Está en mí pero yo no con ella.
También suelo ser cobarde.


Laura Pérez Colorado.

Nada marcha tan bien, desde hace lo que parece una infinitud.

Que deliciosa es la lluvia cuando puede olerse y mucho más cuando se puede saborear el sol.
Estoy sola, diciendo muchos estar ahí.
Añoro memorias que quizá ni existan
¡No comprendo!


Laura Pérez Colorado

sábado, 1 de mayo de 2010

No existe un día más hermoso que el día de hoy

photography.
((No existe un día más hermoso que el día de hoy)))

Elsa I. Bornemann

La suma de muchísimos ayeres forma mi pasado.
Mi pasado se compone de recuerdos alegres...
tristes....
Algunos están fotografiados y ahora son cartulinas
donde me veo pequeño, donde mis padres siguen
siendo recién casados, donde mi ciudad parece otra.
El día de ayer pudo haber sido hermoso día...
Pero no puedo avanzar mirando constantemente
hacia atrás.
Corro el riego de no ver los rostros de los que
marchan a mi lado.
Acaso el día de mañana amanezca aún más
hermoso...
Pero no puede avanzar mirando sólo el horizonte.
Corro el riesgo de no ver el paisaje que se abre a
mi alrededor.
Por eso, yo prefiero el día de hoy. Me gusta pisarlo
con fuerza, gozar su sol o estremecerme con su frío,
sentir cómo cada instante me dice: ¡Presente!
Sé que es muy breve, que pronto pasará, que no voy
a poder modificarlo luego ni pasarlo en limpio...
Como tampoco puedo planificar demasiado el día de
mañana: es un lugar que todavía no existe.
Ayer, fuí. Mañana, seré. Hoy, soy.
Por eso, hoy te digo que te quiero...
hoy escucho...
hoy te pido disculpas por mis errores...
hoy te ayudo...
Porque hoy respiro, transpiro, veo, pienso, oigo,
sufro, huelo, lloro, trabajo, toco, río, amo...
Hoy,
Hoy estoy vivo.
Cómo tú.

sábado, 24 de abril de 2010



Les ofrezco toda mi memoria.

Foto por Laura Pérez Colorado

martes, 20 de abril de 2010

¿Y, qué aguantar?

¿Acaso más de dos lagrimas pueden convertirse en un circo?
¿si sólo lloras pero, y sonries también, qué tipo de arcoiris podría formarse?
No me sabe igual, aquellas memorias se han vuelto pequeñas lunas,
tan pequeñas que ni pueden sentirse.
Esos episódios de ayer estan confusos, los de hoy ni los he visto.
¿A dónde ha ido el sol? ¿querran las nubes marcharse?
¿Qué hay de mis sentidos? ¿será que ya no conocen lo que es agudizarse?
pero a todo esto; repito, carezco de pretensiones para olvidar.

Laura Pérez Colorado

Silvio por Benedetti


Por muchas razones, y hasta sinrazones, Silvio Rodríguez es un cantante fuera de serie. Cofundador, con Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú, Eduardo Ramos, Sergio Vitier (y aunque nadie sabe quién la bautizó así) de la Nueva Trova, ha aportado su indudable prestigio a un movimiento que revitalizó la canción cubana y la catapultó en el plano internacional. No obstante, aún dentro de un núcleo tan fermental, con el que siempre se sintió plenamente identificado, Silvio es un talante inconfundible.

Curiosamente, su voz no es cálida ni grave ni particularmente seductora, sino más bien aguda, de un timbre casi metálico y sin embargo frágil. Al escucharlo, uno llega a temer que en cualquier momento se le quiebre, y ese riesgo ( que en su caso no es deliberadamente buscado sino más bien lo asume como algo irremediable) también forma parte de su extraño atractivo. Con características que en cualquier otro cantante serían anticarismáticas, Silvio funda precisamente su carisma. Quizá el secreto resida en que siempre transmite una gran sinceridad, una honestidad a toda prueba, un no aparentar lo que no es, y, en estos tiempos de famas prefabricadas, de engendros de la machacona y mistificadora publicidad, esa actitud, a la que el público accede sin intermediarios, significa una bocanada de aire fresco en un ámbito, como el del espectáculo, por lo común tan especulativo como artificial.

Salvo en casos excepcionales, Silvio es autor de la letra y la música de sus canciones. Como en los ejemplos de Pablo Milanés, Chico Buarque. Viglietti, Serrat, Aute y no muchos más, esa doble autoría otorga a sus producciones una unidad esencial. Sean o no el resultado de un desarrollo paralelo, letra y música aparecen como gemelas (jimaguas, diría en Cuba), copartícipes en el acto de la parición. Fundamentalmente, las letras de Silvio, sobre todo las que crea a partir de una duramente adquirida madurez, tienen un nivel textual tan afortunado que (algo no demasiado frecuente en los cantores populares) conservan su validez política aun sin el básico soporte de la música. Alguna vez he sostenido, y su trayectoria posterior corrobora ni diagnóstico marginal, que Silvio es un poeta que canta, y más aun: que es uno de los poetas más talentosos de su generación.

Siempre recordaré como conocí a Silvio y a Pablo en La Habana, allá por el año 1966. Era mi primera visita a Cuba. Unos amigos me habían invitado a cenar en su casa y me anunciaron que más tarde vendrían dos cantantes muy jóvenes, todavía casi desconocidos. Por fin llegaron con sus guitarras y cantaron cinco o seis canciones cada uno. Tuve la rara sensación de que asistía a un viraje importante de la canción cubana: por un lado estaba presente la tradición trovadoresca, y por el otro una propuesta asombrosamente innovadora, que transformaba, enriqueciéndolos, los ritmos heredados e insertaba en las letras un sentido tan comunicativo como el de la poesía conversacional, entonces en pleno desarrollo en América Latina. Varios años después, escuchándolos de nuevo en textos y música de más rigurosa factura, les pedí que cantaran aquellas letras primigenias que les había escuchado en el 66. Pero no las recordaban. Lo cierto es que en ese lapso habían creado tan frenéticamente nuevos cantos, que aquellos iniciales, tan importantes para mí, habían sido cubiertos por su propio olvido.

Este libro de Joseba Sanz tiene un valor inapreciable: inserta la obra del cantante en su vida, las sigue a ambas paso a paso, estrofa a estrofa. No es sólo una cronología ampliada, sino un curriculum espiritual, una efemérides de estado de ánimo. Por primera vez el oyente de Silvio podrá aquilatar no sólo una ruta artística sino también un recorrido vital. Podrá comprobar así que el mayor compromiso (palabra hoy tan subestimada por la dejadez postmodernista) de Silvio es con la vida, a la que no canta de lejos sino metida en ella hasta en los tuétanos. Participando en la campaña de alfabetización, embarcando hasta África en el barco pesquero Playa Girón, empuñando un fusil para defender su Revolución, arriesgando su vida en Angola, cantándole al amor desde el amor, aprendiendo a tratar de igual a igual a las mujeres de su vida, creciendo con sus hijos, la trayectoria de Silvio es el hilo conductor de su canto, y cuando los públicos, leales y fervientes, de cualquiera de los tres mundos, lo aplauden con denuedo y naturalidad, no sólo están premiando su arte, también su coherencia, su fidelidad a la Revolución y a sí mismo, su capacidad de trabajo y su rigor, su calidad humana. Silvio nunca será un mito; no viaja con su pedestal a cuestas. Sus públicos lo saben y tal vez por eso lo tratan como a un querido y sencillo compañero, que les canta y les dice las felicidades y las desdichas que ellos también quisieran cantar y decir tan entrañablemente como él.
Mario Benedetti

Lo peor del amor..



Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, el puré de reproches con sardinas, las golondrinas muertas en la almohada. Lo malo del después son los despojos que embalsaman el humo de los sueños, el sístole. Los teléfonos que hablan con los ojos, el sístole sin diástole ni dueño. Lo más ingrato es encalar la casa, remendar las virtudes veniales, condenar a la hoguera los archivos
Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales, no le quedan dos puntos suspensivos.

Te doy una canción

Como gasto papeles recordando..
como me haces hablar en el silencio.
como no te me quitas. de las ganas..
aunque nadie me ve nunca contigo..
y como pasa el tiempo..
que de pronto son años ..
sin pasar tu por mi .. detenida..
Te doy una cancion si abro una puerta
y de la sombra sales tu
te doy una canción de madrugada
cuando mas quier tú luz.
te doy una canción
cuando apareces el misterio del amor
y si no lo apareces no me importa
yo te doy una canción.
Si miro un poco afuera me detengo
la ciudad se derrumba y yo cantando
a gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga
creen que lo digo todo,
que me juego la vida
por que no te conocen
ni te sienten ...
Te doy una canción me hago un discurso
sobre mi derecho hablar
te doy una cancion con mis 2 manos
con las mimas de matar
te doy una canción y digo patria
y sigo hablando para tí
te doy una canción como un disparo
como un libro una palabra una guerrilla
como doy el amor



miércoles, 14 de abril de 2010

ejemplo de video

El video a continuacion es de Aldo Rodriguez, cantante de rap.